22 abril 2007

Un año de Arpegios thorkianos

Hoy se cumple un año de aquel primer post. Desde entonces, 48 entradas de cine, vivencias, poesía, ciencia, relatos, curiosidades, mitología y estrellas, han ido llenando estos Arpegios thorkianos de la mano de vuestros comentarios. Persisten en mi memoria "Le Chasseur d'Étoiles", "Ver, sentir y soñar", "Wendy" o "Las ánforas".

¿El balance? Haber descubierto un nueva vía de comunicación y encontrar historias y personas que realmente merecen la pena.

A día de hoy, no escribo en las mismas circustancias que hace un año, sin embargo para esta nueva etapa que empieza, me contentaría sólo con la mitad de la mitad de lo que estos 12 meses me han aportado.

Muchas gracias a todos los visitantes fijos y a todos aquellos que arriban aquí de algún modo. Muchas gracias y muchas felicidades.


12 abril 2007

Asteroide Apofis

Hace poco, la prensa −sobre todo sensacionalista− se hizo eco del futuro impacto sobre la Tierra de un enorme “meteorito” con consecuencias nefastas para la vida humana allá por el año 2036.

Apofis (ó 2004 MN4) es un asteroide de unos 250m de diámetro y 21 millones de toneladas, descubierto en 2004, que gira alrededor del sol con una órbita muy parecida a la nuestra, pero un 13% más rápida, eso quiere decir que el asteroide adelanta a la Tierra cada 7'7 años aproximadamente. Esta órbita no es fija, y está previsto que en 2029 se acerque la Tierra, hasta una distancia diez veces inferior a la de la Luna para continuar de nuevo su viaje alrededor del Sol. Por entonces se podrá ver en el firmamento como una estrella de magnitud 3'3 (no muy brillante, pero visible a simple vista) que atravesará el cielo durante unas 3h. Esta cercanía puede cambiar la trayectoria de su órbita, haciendo que la siguiente pasada sobre la Tierra, no sea una pasada, sino una colisión. La “alta” probabilidad de que esto ocurra, ha hecho que el Apofis sea el primer asteroide en alcanzar el nivel 4 de la escala de Turín (o Torino) que tabula del 0 al 10 las probabilidades de impacto de un objeto NEO (Near-Earth Object), aunque tras las últimas medidas, ostenta el nivel 0 (la más baja).

La incertidumbre está en una región del espacio de apenas 500m que los científicos llaman “ojo de cerradura” en la que se dan una serie de condiciones tales que si el asteroide pasara por ella en el 2029, su órbita y su estructura se alterarían para dirigirlo hacia la Tierra en el 2036.

Desgraciadamente, las observaciones ópticas y de rádar actuales, dan una precisión mayor de 500m, por lo que es imposible predecir su paso por el “ojo de cerradura”, cosa que se podrá hacer con más precisión en el 2014, cuando el Apofis pase otra vez cerca de la Tierra. Además, está pendiente la medición de su velocidad de rotación, ya que si es demasiado lenta, el “efecto Yarkovsky” podría alterar nuevamente la órbita del asteroide invalidando las medidas actuales.

El interés mediático por este Asteroide se debe quizás a su tamaño o a su nombre Apofis, dios egipcio de las tinieblas y las fuerzas maléficas, ya que existen más de 4000 NEO’s catalogados, y muchos de ellos como el “2007 DX 40”, “2007 FY 20” o el “2000 SG344”, aunque son más pequeños (de apenas unas decenas de metros), tienen mayor posibilidad de impacto.

Afortunadamente, la probabilidad de colisión para el 13-4-2036 es de 2.2e-5, es decir, de aproximadamente 1/45000, cuatro veces más improbable que morir ahogado en tu propia bañera accidentalmente (1/11289 según el Consejo Nacional de Seguridad de EEUU).

Dejo aquí algunos enlaces para seguir investigando.

Trayectoria de colisión
Simulación del tsunami que provocaría
Programa NEO de la NASA
Efecto Yarkovsky
“Ojo de cerradura” (inglés )
Escala de Turín
Noticia que desató la alarma en el 2004 (¡La probabilidad de impacto entonces era de 1/63!)
Probabilidad de morir por... (inglés)

nota: Si se deja caer por aquí algún visitante mexicano, que no deje de mirar la trayectoria de colisión :/

10 abril 2007

... y los sueños, sueños son.

Y hallábase en un sueño sumergido
do no pensaba nunca despertar
porque mientras navegaba en ese mar
un extraño querer le había venido.

Creiste en el sueño ¿Quién te ha convencido?
Pobre iluso, todo se ha de esfumar
—no fue más que un engaño del azar—
dale tiempo, y todo se hará olvido.

Graba a fuego estas palabras mías,
por muy desgraciado que ahora seas,
y aprende para siempre esta lección:

«Si sueñas en la noche y aun de día,
hasta que unos ojos tu no veas,
mantén bien cerrado tu corazón»


"Perder el tiempo soñando con lo que podría ser, es desperdiciar lo que ahora es". (Le Chasseur d'Etoiles)

01 marzo 2007

Las Ánforas. Parte 4

Como dije anteriormente, los narduk eran seres encargados de fabricar sueños, pero ¿cómo lo hacían?... La respuesta es difícil de comprender si no estamos familiarizados con ellos, así que intentaré explicarlo de la forma más sencilla posible.

Estos seres se mueven por los mares en sus cápsulas. Les encanta viajar, y con el tiempo cada uno ha ido confeccionando un complejo plano del reino submarino de los sueños −plano incompleto pues a este reino no se le conoce confín− donde anotan los lugares de especial interés. Su viajar se puede decir que es errante, o más bien nómada, permaneciendo temporadas alrededor del mismo sitio, bien porque les ha gustado el lugar, porque quieren recoger transelementos, relacionarse con otros narduk, reparar sus cápsulas o simplemente descansar. Muchas veces sus cápsulas se averían en lugares tenebrosos, y como están obligados a fabricar al menos un sueño cada día, si no tienen transelementos, no les queda más remedio que fabricar pesadillas. Los sueños, como explicaré más tarde se fraguan en las ánforas. Los transelementos son cosas que encuentran a las que cada narduk, en función de la magia que tenga, le cambia la esencia si bien permanecen los accidentes. Nosotros no vemos esa nueva esencia a no ser que soñemos. Lo que para nosotros serían algas, rocas, un resto de coral, una perla… ellos lo transforman en un aeróstato, nubes, fragancias, lugares, etc. Los narduk son seres solitarios, aunque a veces, si se encuentran −y sobre todo si se conocían de antes− se intercambian transelementos ya transformados, y a veces incluso se prestan su soñadores, ése es el motivo por el que a veces dos personas se sueñan mutuamente aun siendo sueños distintos. Estos encuentros, que a veces son fortuitos, están condicionados en gran parte −según me enteré después− por la magia de Claruma.

Las ánforas eran mágicas. Nadie sabía de donde provenían, pero cuando un narduk terminaba su entrenamiento y estaba preparado, aparecían siete ánforas junto a la “estrella azul”. De la “estrella azul” se han escrito preciosos relatos, y no me creo digno de escribir sobre ella ni siquiera media palabra. Sólo diré que se encontraba en lo más profundo del reino, en el “abismo de Gorlak”. Gorlak era una almeja gigante, vivía en el fondo de una sima oscura y profunda, estrecha y misteriosa. Vivía allí desde siempre, en la oscuridad más negra de los abismos, sin embargo, como hermosísima perla, albergaba en su interior la sublime estrella. Cuando Gorlak se abría, mostraba un interior hermoso, nacarado y brillante, y entonces la pequeña “estrella azul” empezaba a radiar unos reflejos tales que los que los han visto nunca han hablado sobre ellos porque dicen que no existen palabras en el universo para describirlos.

El consejo, tras conjurar a Gorlak para que se abriera, entregaba las ánforas al narduk en un bonito ritual y aplicaban un poderoso hechizo para que las ánforas hilaran sueños con los transelementos. Después en otra ceremonia se le asignaba un soñador de por vida. Nadie solía hablar sobre las ánforas, era algo tabú, pues irremediablemente tenían que ver con la “estrella azul”, la cual aquella gente ni siquiera se atrevía a nombrar. Claruma me enseñó algunos secretos de esos hechizos.

Un día −o una noche, porque allí no se distinguían− mientras paseaba por el “cañón de Atlantis” escuché una gran explosión, y al girarme vi una gran nube de lodo, burbujas y luz a menos de una milla. La nube se expandió tanto que me envolvió, y hasta que no pasaron dos horas y se asentaron los barros, no pude ver nada. Me acerqué al lugar de la explosión, y allí encontré una cápsula casi destrozada. Era más alargada de las otras que había visto y tenía más forma de submarino. Quedé aterrado cuando vi en el suelo algo que parecían unas ánforas... ¿Serían las ánforas mágicas? Aparecieron entonces Biguemo y Claruma que me gritaban que no tocara nada. Claruma tenía una expresión de nerviosismo y preocupación en el rostro, no así Biguemo, pues una gran cabeza transparente, unos palpos y unos ojos retráctiles no le dotaban de una gran expresividad.

− ¿Es una cápsula Narduk?− Pregunté.

Nadie me contestó. Claruma encontró a alguien en la cápsula. Era una especie de pulpoide azul con varios ojos que agotado, moribundo y casi sin fuerzas logró decirle a Claruma: «mu… mu… muchas gracias… gracias, Claruma… gracias»

Claruma entonces sonrió y derramó una lágrima de plata sobre aquel narduk, el único que vi en mi estancia en el reino de los sueños. No sé por qué, pero sentí algo especial cuando me miró. Volvió a sonreír, y cerró sus ojos. Entonces yo también lloré, pero mis lagrimas se confundieron con el agua que me rodeaba. Biguemo se colocó junto a mí, y entonces grité:

− Claruma, se va a curar ¿verdad? dime que sí, Claruma, por favor.

− Eso depende de ti− me dijo −y a partir de hoy tú serás el guardián de sus ánforas.

Y bueno, lamento decir que todo se terminó. No sé ni cómo ni cuándo, ni cómo hice el viaje de regreso, solo sé que estaba en mi cama, tapado con cálidos cobertores. El sol aún no había salido. Abrí los ojos no como el que se despereza de un sueño, sino como el que ha vuelto de un largo viaje. Supe que había sido sólo un sueño, pero añoraba a mi calamaroide Biguemo, a Claruma y a aquél narduk cuyo destino nunca supe.

Cuando encendí la luz y me puse en pie… había siete ánforas rodeando mi cama, y unas letras buriladas a oro en la concha de un nautilus:

«ESTREGA ESTAS ÁNFORAS A LA ESTRELLA AZUL»


28 febrero 2007

Las Ánforas. Parte 3

Biguemo me acompañó por aquel nuevo mundo para mí. No sabéis cómo me hubiera gustado tener una trompilla luminosa como el pejesapo, para ver el fondo ya que siempre tenía que ir pegado al calamar de cristal. El terreno era muy irregular, y lo mismo se abrían profundas grietas, que se levantaban imponentes taludes. Recuerdo un paisaje muy peculiar en el que el suelo estaba formado por miles de pináculos de roca, parecidos a los cipreses que tenemos en la tierra. La luz de Biguemo no alumbraba a más de diez pies, por lo que no me convenía separarme de él y perderme en aquel tenebroso cementerio megalítico.

Supuse que tardamos unas dos horas en atravesar el paraje, que después me enteré que se llamaba “los Dientes abismales”. A menos de una legua pude ver una luz que emergía del suelo. Biguemo me explicó que aquello eran las “Fosas chispeantes”, punto de encuentro de los narduk, y uno de los nodos neurálgicos del reino.

En el lecho rocoso marino se abría una gran sima, de unas quince yardas de diámetro y unos mil pies de profundidad en cuyo fondo se divisaba una potente luz que luego descubrí que no era tan potente, simplemente era que mis ojos llevaban varias horas acostumbrados a la más completa oscuridad.

Empezamos a descender por aquella boca vertical, sin embargo, a mitad del camino, nos tuvimos que apartar en una de las cavidades que había en los laterales de la sima para dejar paso a una impresionante cápsula narduk. Era la primera vez que veía una, y su visión me dejó atónito.

Era un vehículo tipo cápsula submarina, como los DSV (Vehículos de Inmersión Profunda). De forma era como un elipsoide casi esférico, de unos quince pies en su eje mayor. Tenía dos aletas estabilizadoras laterales, y en la popa dos juegos de hélices paradas por el ascenso. Era de un material metálico, oxidado por algunas partes, lleno de remaches, y con algunos apliques artísticamente bronceados. Disponía de cuatro focos luminosos de luz blanca, y uno más potente de luz azul que movía sin parar para tener un control absoluto de su entorno. Pude contar tres escotillas, cuatro ojos de buey, y lo que podría ser el puente de mando en la proa, pues la parte delantera estaba terminada en un material cristalino, aunque no pude ver a nadie en su interior.

La cápsula se paró cuando percibió nuestra presencia. Estaba escrutándonos enfrente nuestra, a poca distancia. Nos enfocaba con su foco azul, mientras dejaba oír un grave zumbido y algo parecido a un sonar que en aquella sima, generaba unos terroríficos ecos de ultratumba. Sus focos se movían, y sólo Dios sabe qué se ocultaba detrás de la proa cristalina. No sería muy desacertado afirmar que aquello fue para mí un momento místico. Tras dos eternos minutos, la cápsula soltó una nube de burbujas con un sonido parecido al de un descompresor, y continuó ascendiendo.

Sin intercambiar palabra por la impresión, llegamos abajo. La sima se ensanchaba una centena de metros a cada lado, y en ella había numerosos artefactos encargados de dotar de luz a la estancia. Estaba sustentada con columnas, arcos de medio punto y bóvedas, y decorada con esculturas y frescos que me recordaron las ruinas del palacio de Knossos. Por allí, creedme, pululaban los seres más extraños que haya visto jamás, y la sola descripción de alguno de ellos, me llevaría varias páginas.

Biguemo me explicó que lo que habíamos visto era una cápsula narduk, y que éstos eran unos seres, de diversa forma, encargados de fabricar los sueños. Eran una sociedad muy selecta y fuertemente jerarquizada. A la cabeza había un rey −de figura claramente representativa− y un consejo permanente. Los narduk del sueño, viajaban por todos los mares en sus potentes cápsulas visitando los más extraños lugares y generando sueños para el soñador que cada uno tenía asignado.

En una esquina de la estancia había un ser que no paraba de mirarme, y en cuando Biguemo reparó en ello, me llevó hacia ella. Era como una especie de hipocampo o caballito de mar del tamaño de una persona. Tenía una piel plateada realmente hermosa, y su mirada casi mágica, le otorgaba una extraña belleza. Sin duda, debía ser alguien importante. El calamar de cristal me la presentó, se llamaba Claruma, y era una especie de sacerdotisa. Decían que había nacido en
una estrella, y nadie sabía cómo había llegado hasta los mares. No siendo narduk, se la tenían en gran estima por su inagotable sabiduría y sus poderes mágicos, que no se sabía hasta donde llegaban.

No sé por qué, pero olvidé su magnificencia, y llegó a convertirse en otra gran amiga a la que sin perderle el respeto, le tomé mucha confianza. Me enseñó cientos de secretos de aquél mundo y lugares paradisiacos. También me regaló una bolsita de luz para que no tuviera que depender de Biguemo. Contad con que algún día pondré por escrito todos estos acontecimientos que ahora narro tan de soslayo, mas no puedo perderme y debo continuar con mi relato y con el accidente.

26 febrero 2007

Las Ánforas. Parte 2

El calamar de cristal se convirtió en mi primer amigo de las profundidades. Nuestro encuentro respondió a una casuística providencial que relato a continuación:

Como dije anteriormente, me hallaba en una situación de descenso incierto en la más completa oscuridad. No vi más signos de vida o movimiento que el de las medusas y los informes pescados de trompa luminosa. Creo recordar que también dije que mi descenso lo hacía siempre en ausencia de presión, asfixia, humedad, o cualquier otra sensación que me hiciera creer que realmente estaba bajo las aguas, fuera de una ligerísima percepción de atracción gravitatoria unida a un sutil rozamiento que me recordaba que continuaba descendiendo. Hallábame pues entonces en una situación floto-estacionaria si se me permite llamarla así. No puedo precisar cuánto me mantuve en aquel estado, lo que sí que es cierto, más cierto que decir que el tocino engorda, es que toqué fondo, y no sólo toqué, sino que me enterré en él.

El impacto fue tan inesperado, que no me dolió tanto el talegazo merecedor de quebrar mis lomos, sino que mi pobre corazón amagó salirse del pecho debido al susto que llevé. Quedé así, cabeza abajo, plantado en la arena como un espárrago, porque quiso ser mi testa lo primero que encontró el fondo.

Algo me agarró de una pierna y tiró de mí con muy poca fuerza . No sé si os imagináis lo que pasaba por mi cabeza: yo, enterrado en la arena, y algo débil que no sabía lo que era, tirando de mí. Entre sus flojos tirones y mis redoblados esfuerzos, logré salir. Cuando recuperé la visión −ya que me entró arena en los ojos− vi delante de mí a un pequeño cefalópodo transparente. Bueno, no supe si sería cefalópodo o solicéfalo, puesto que no se sabía si aquellos apéndices ventosados, serían tentáculos, palpos o las narices del animal. Sí que tenía unos grandes ojos telescópicos como los de su primo gasterópodo el caracol. Dicho calamaroide presentaba también luminiscencia, pues no sé si dije que todos los animales de aquellas negras profundidades generaban algún tipo de luz. Me llamó la atención que entre su luminosa piel transparente, se dejaran ver pequeños lunares negros.

Cuál fue mi sorpresa tras hacerme cargo de la situación cuando oí que el calamar me habló tremolando sus tentáculos.

− ¡Vaya! hacía mucho tiempo que nadie se dejaba caer por aquí. ¿Te has hecho daño?... ¡Ah! y por cierto, me llamo Biguemo, y soy un calamar de cristal.

− ¿Dónde estoy?− pregunté.

− En el reino de los sueños, es ovbio− añadió retrayendo sus ojos.

Quedé aturdido, pues que aquello fuera el reino de los sueños no tenía menos sentido que estuviera bajo el mar, que no me asfixiara, y que me hallara hablando con un calamar.

− ¿Cómo he llegado hasta aquí?− le dije en mi perplejidad.

− Jajaja, no lo sé, ni tampoco sé cómo saldrás, sólo sé que de repente desaparecerás, y ya no estarás aquí.

− Ah, gracias por ayudarme a salir, sin tu ayuda no lo habría conseguido− le dije cortésmente, sabiendo que su ayuda había sido minúscula.

− De nada, de nada, para eso estamos − añadió con aires de vanidad.

− Y dime, Biguemo ¿qué es todo esto? ¿qué tengo que hacer aquí?

− Ay ay ay, querido amigo, aún te falta mucho por saber, y es mucho lo que te tengo que explicar ¿qué tal si me acompañas a las “Fosas chispeantes” y mientras te voy explicando?

Me dejé llevar por mi nuevo colega al que cogí verdadera admiración, no sólo por su cultura submarina, sino por su paciencia conmigo. Llegó a ser mi mejor amigo en las profundidades, y me explicó quiénes eran los narduk, las cápsulas, Claruma… y lo más imprtante: las ánforas.

08 febrero 2007

Las Ánforas. Parte 1

Esta noche, algo taciturno e intranquilo, decidí ayudar a mi mente a desconectarse de la dura jornada para entrar en el placentero mundo del descanso y de los sueños. Para ello, preparé con esmero una poción a base de tila, flor de azahar, melisa, raíz de valeriana, manzanilla y pasiflora. Como otras veces vertí el agua a la temperatura correcta sobre las hierbas secas y la dejé reposar el tiempo necesario para extraer todas las propiedades calmantes, sedantes y antiespasmódicas de sus aceites esenciales. Recuerdo que también eché por primera vez una flor de aquellas que se han dado en llamar “estrella de las nieves”, especie endémica que sólo se da en las más altas cumbres de Sierra Nevada. El agua se tornó poco a poco de una traslucidez ámbar que producía unos curiosos reflejos a la luz de la bombilla de la cocina, y así, tras unos momentos de expectante observación del brebaje, sereno lo engullí cual bávaro ante una pinta de cerveza. Y me acosté.

No recuerdo cómo, pero estaba bajo el mar. Sin mojarme y sin ahogarme, pero estaba bajo el mar. Podía escuchar el rumor de las corrientes y sentir el gradiente de temperaturas de las corrientes submarinas. En un principio, no había nada, sólo una inmensidad azul que me rodeaba y algunas burbujas que subían, supongo que hasta llegar a lo que debía ser la superficie, pues apenas acertaba a distinguir los restos tenues de algo que parecían rayos de sol, ya que calculo que no me encontraba a menos de cien pies de la superficie. Por debajo, había una inmensa oscuridad que gritaba un misterioso silencio, una oscuridad, que conseguiría aterrar hasta al más temible de los monstruos marinos.

Un extraño instinto me hizo descender hacia las profundidades abisales. No recuerdo mi vestimenta ni siquiera si portaba alguna, mas podíame mover por allí a mi antojo, ora arriba ora abajo. Calculo que descendí unos doscientos pies más, y sin embargo, no sentí los efectos de la presión ni experimenté barotraumatismo alguno. Tras varios minutos más de inmersión, he de confesar que perdí la orientación. En la oscuridad total, mis sentidos no eran capaces de percibir más que la ligerísima fuerza de la gravedad hacia la que bajaba como si fuera un fluido en disolución.

Lo primero que vi, fueron unas medusa más hermosas que las flores de la tierra. En sus cuerpos acuosos transparentes, escondían mágicos tentáculos finísimos de luz que cambiaban de color al ritmo de sus danzas por aquellas aguas. Parecían viajeros errantes a medio camino entre el ser vivo y el inanimado, pues aún en sus elegantes movimientos, aquello no dejaba de ser una preciosa burbuja que navegaba sin rumbo a través de las oscuras corrientes. Ver aquellos escifozoos fue para mí un deleite, y di gracias a la naturaleza por habernos regalado semejantes espectáculos de belleza.

Más tarde, y más abajo, vi unos temibles monstruos con un tentáculo bajo la boca, que parecía tener en la punta como un miembro luminiscente. Aquel ser carecía de ojos. De forma y tamaño era similar a un atún, pero su boca era enorme, la llevaba siempre abierta, la mandíbula inferior más prominente, con forma de “u” invertida, como las merluzas. Dejaba ver nueve horrorosos dientes largos y finos, dispuestos sin ningún orden y separados entre sí. Me dio la impresión de que si aquel animal cerraba la boca, se hundiría aquellos pinchos en sus sesos, si es que ese ser bizarro podía albergar algún cerebro. Sus aletas parecían estar formadas por púas unidas con membranas al igual que las alas de los murciélagos que vemos en las cuevas, y su piel, negra y brillante, asquerosa, con verrugas, tubículos y agujeros, evocó en mi memoria la palabra “basura”. Sin duda, la madre naturaleza había privado a este ser de órganos visuales para que nunca jamás pudiera contemplar su repulsiva condición de excrescencia de las profundidades. Alejéme cuanto pude de aquél bicho nauseabundo mientras él y otros colegas ciegos de su especie nadaban con sus farolillos a la busca de alimento.

Y así, podría estar describiendo todo lo que vi en aquel misterioso viaje hacia el mundo adonírico, porque aquello, aún siendo un sueño, pertenecía a otro sueño, y aún estando allí, yo no era más que un simple secundario en ese maravilloso mundo. Digamos, que era un espectador pasivo que curiosamente había entrado en una realidad onírica paralela. Y bueno, llegados a este punto, seguro que alguien se pregunta que cómo tomé yo conciencia de mi situación. Bueno, bueno, déjeseme explicar lo que aconteció cuando encontré al calamar de cristal.

19 enero 2007

Mejor ser humildes



Por si alguien ha seguido al "cazador de estrellas"
  • Sirio es la estrella más brillante visible desde la Tierra, y es de las estrellas más cercanas a nosotros. Está en la constelación del Can Mayor, y de ella se habló en Orión.
  • Póllux es la principal estrella de Géminis. De ella no se ha hablado nada... (por ahora)
  • Arturo es la cuarta estrella en brillo de la noche. Está en la constelación de Bootes o el Boyero, y de ella se habló en Le Chasseur d'Etoiles.
  • Rigel es actualmente la estrella más brillante de la constelación de Orión. Es una supergigante blanco-azulada, y su brillo es tal, que ilumina el polvo galáctico de la constelación "cabeza de caballo". Apareció en Orión.
  • Betelgeuse: es la principal estrella de Orión, ahora es menos brillante que Rigel porque ya se vio que su brillo era variable. La estrella se está agotando, y por tanto, explotará dentro de poco (en unos miles de años). Se habló en Le Chasseur d'Etoiles y en Orión.
  • Antares: otra de las más brillantes y fáciles de identificar. Está en Escorpio. (¡Vaya! todavía no hablé de ella).
  • My Cephei está en la constelación de Cefeo, y de esta constelación se habló en Le Chasseur d'Etoiles.
  • VV Cephey también pertenece a Cefeo. Es una estrella binaria, eso quiere decir que hay dos estrellas girando una alrededor de la otra cada con un periodo de 20 años. Una de ellas es la grandota, la otra es apenas diez veces nuestro Sol.

Hay otra estrella más conocida y más grande que todas estas, y supongo que no la han puesto porque es un poco rara y no se sabe bien si es estrella o un tipo de nebulosa ultra-densa. Es VY Can Mayor, y está en la constelación del mismo nombre.

Me despido con unas palabras de William Anders, tripulante del Apolo 8, la primera vez que se vio la cara oculta de la Luna, y tomó esta famosa imagen.

Resulta paradójico, pero nuestra misión consistía en estudiar la Luna, y sin embargo, creo que ha sido un mayor avance, ayudar a la humanidad a comprender el papel de la Tierra en nuestras vidas y en el universo. Te das cuenta de que la Tierra es tan insignificante como un grano de arena en la playa... pero es nuestro hogar [...] Me maravillaron sus colores y su pequeñez, sentí que debíamos unirnos con nuestros hermanos de otros países para preservar este pequeño y frágil planeta.



01 enero 2007

Orión

En estas noches de invierno, se dejan ver en el cielo tres estrellas muy brillantes a las que se les suele llamar las tres Marías o los tres Reyes Magos, aunque sus verdaderos nombre son Mintaka, Alnilam y Alnitak, y forman el cinturón de Orión, una constelación con forma de cazador empuñando una espada. Estas dos últimas son supergigantes azules que terminarán sus días como estrellas de neutrones. En el hombro de Orión, se encuentra Betelgeuse, una supergigante de primera magnitud que cambia de color en ciclos de 6 años. En la constelación de Orión se encuentra la Gran nebulosa de Orión, la nebulosa más brillante del firmamento, situada en una colorida nube de gas y polvo galáctico llamada Nube de Orión que contiene entre otras, la también famosa nebulosa de Cabeza de Caballo.

Cuentan que había un pobre pastor llamado Hirieo al que fueron a visitar, disfrazados: Zeus, Hermes y Poseidón. Era muy generoso, y sacrificó para sus desconocidos invitados el buey más hermoso de la manada. Los dioses le preguntaron qué era lo que más deseaba. Hireo, tras un suspiro, les dijo, que lo que más le hubiera gustado, es tener un hijo, pero que nunca conoció mujer, y que ahora, estaba viejo e impotente. Los dioses le dijeron que enterrara la piel del toro que había sacrificado, y que orinara sobre ella Y así, en premio a su generosidad, nueve meses después nació un niño en aquel sitio al que llamó Orión, que significa “el que orina”.

Orión fue un magnífico cazador. Se decía que era tan grande que las aguas del mar no podían cubrirlo ni aun en sus fosas más profundas. Su habilidad era tal, que fue recibido en el palacio del rey Enopión, y allí, se enamoró de su hija, la princesa Mérope, que no correspondió a su amor. Orión entonces se emborrachó y forzó a la princesa. El rey enojó y pidió venganza a Dionisos (alias Baco, dios del vino) el cuál mandó a unos sátiros para acabar de emborrachar a Orión y sumirlo en un profundo sueño, momento que aprovechó Enopión para sacarle los ojos y que nunca más pudiera ver a Mérope.

Orión, ciego y abandonado en una playa, siguió los sonidos del martillo de un cíclope, y llegó a la isla de Lemnos, donde encontró la forja de Hefesto, el dios del fuego y de la fragua, quien le cedió a Cedalión para que lo acompañara. Caminó mucho tiempo con el muchacho, por tierra y mar hasta que llegó al final de los océanos, donde vivía Eos, diosa titánide de la Aurora, que se enamoró de él, y pidió a su hermano Helios, el Sol, que le devolviera la visión. Y así fue.

Orión recuperó la vista y realizó muchas hazañas en su vida hasta que le picó un pequeño escorpión y murió. Los dioses se apiadaron de él y lo colocaron en el firmamento, junto al río Eridiano con sus con sus dos perros de caza (can mayor y can menor) y alejado del escorpión (Escorpio, en el lado opuesto del firmamento) Junto a Orión también están las Pléyades en Tauro, hermanas de Mérope, a las que también persiguió, y es que, debió ser un buen mujeriego.

Si alguien se asomó al cielo hace un par de semanas y se fijó en Orión, posiblemente tuviera la oportunidad de pedir un deseo a alguna de las estrellas fugaces que lo atravesaron, gracias a las Gemínidas, una lluvia de meteoros con la radianate en Géminis, al norte de Orión.


29 diciembre 2006

Camino adecuado

INFORME PSICOLÓGICO-LABORAL

En respuesta a la petición del departamento de RRHH, y a fin de evaluar las capacidades facultativas del sujeto en relación a la labor actualmente desempeñada en su puesto de trabajo, le comunico el resultado de nuestro estudio.

La evaluación se llevó a cabo con la absoluta cooperación del sujeto, quien en todo momento se mostró receptivo al proceso. Las pruebas psicométricas para precisar habilidades y capacidades se pueden calificar como válidas y fiables, mientras que el resultado de los análisis grafológicos combinado con otros tests proyectivos, ha resultado determinante con los siguientes resultados:

La capacidad intelectual del sujeto, se puede enmarcar dentro del rango medio-alto, su proceder es metódico, y no presenta signos preocupantes de carácter profesional a excepción de sus pautas de conducta grupal. Su calidad empática es alta, sin embargo, se ha detectado una baja integración socio-laboral, y unos resultados comportamentales poco habituales en relación a otros individuos que realizan similares tareas profesionales. El sujeto presenta un claro retraso emocional que le impide establecer lazos afectivos en su entorno más cercano. El análisis del campo gráfico y del gestotipo lleva a pensar que estamos ante una persona soñadora y de inteligencia creativa. La personalidad es débil y reservada, en paradójica contraposición a un carácter firme y templado. Capta muy bien la información del entorno, aunque su valoración es radicalmente distinta a la que cabría esperar. Muestra un desequilibrio en cuanto a los sucesos que experimenta y la actuación ante ellos frente a sus compañeros de trabajo, para refugiarse en su modo de interpretar la realidad que le lleva a actuar por criterios poco comunes y frecuentemente infantiles.

Sin ánimo de ser exhaustivos, y con la voluntad de evaluar el prefil de productividad de esta empresa, tras considerar el análisis, consideramos que el sujeto, en cuanto a su retraso afectivo-emocional, no está capacitado para desarrollar todas las capacidades que exige su actual puesto de trabajo.

Fdo.: Jefe de sección de Psicología del Trabajo y de las Organizaciones (PTO)


* * *


Hace varios días que no escribo en este diario. La frenética actividad de la última semana, no me ha dejado tiempo para mí, y no es que hoy esté menos atareada, pero necesito plasmar un gran sentimiento como los cientos que llevo escritos en estas hojas desde que era niña. Esta mañana han despedido a mi compañero de trabajo. Era muy tímido, y no se mezclaba con nosotros, no sobresalía en nada y solía permanecer en un segundo plano, sin embargo, tenía siempre una sonrisilla para regalar, y sus ojos pequeños parecían querer decir muchas cosas. Los chicos de la oficina le daban consejos, le invitaban a salir, pero él siempre les devolvía su sonrisa, y esa mirada profunda de amigo. No sé por qué, pero sin tratar con él, sabías que era alguien en quién se podía confiar, como si lo conocieras de toda la vida. Reconozco que he deseado muchas veces encontrármelo por el pasillo para que me regalara alguna de sus pocas palabras en mis momentos más difíciles. Ahora, me arrepiento de no haberme esforzado en conocerlo más.

Se marchó sin despedirse de nadie mientras estábamos almorzando en la cafetería, pero nos ha dejado un regalillo a cada uno en nuestra mesa. A mí, me dejó una bolsita de caramelos. Con este gesto infantil, nos robó a todos una sonrisa, y esta noche, aquí en mi cama junto a mi marido ya dormido, la sonrisa se ha transformado en lágrimas. Bajo las frías luces fluorescentes, él era una llamita que daba luz y calor. Entre corbatas, tacones, Chanel, carteras, y rostros bruñidos con cremas y rayos UVA, entre ambiciosos businessman y estilizadas ejecutivas, él era la única persona con corazón de aquella jungla de oficinas. Él estaba allí para regalarnos su silencio y su mirada cariñosa. Algunos pensaban que era un ingenuo, pero sólo con una bolsita de caramelos me ha hecho más humana, y gracias a él, hoy quiero más a mis compañeros, a mis amigos y a mi marido. No me preocupa que le hayan despedido, porque sé que su felicidad no está en el dinero o en el éxito, sino en hacer felices a los demás, y lo ha conseguido.

Ha sido una de esas personas que te encuentras en la vida, te marcan, y desaparecen. Conocerle pudo ser una casualidad, o quizás fuera el destino... no lo sé. De lo que sí estoy segura es de que por muy mal que lo hiciera en el pasado, por muchos errores que cometiera, cuando lo conocí, estaba en el camino adecuado.

20 diciembre 2006

Feliz navidad 2006

Para todos los que visitan estos arpegios, para los veteranos y los recién llegados: Que aquella paz que anunciaron los ángeles sea estos días motivo de alegría y fiesta, que vivamos una Navidad real y aparquemos el materialismo, que estrechemos lazos con nuestras familias y nuestra gente más querida, que sepamos meditar y ver la vida de otra forma, que nos demos cuenta de los que tenemos y de lo que se espera de nosotros, y que crucemos el umbral del 2007 llenos de esperanza y fortaleza con el propósito de hacer de este mundo, un lugar mejor para vivir.

Muchas gracias por el 2006. Nos vemos el año que viene… ¡En las estrellas!

Al nacer el Señor, los ángeles cantan llenos de gozo: «Gloria a Dios en el cielo», y proclaman:«y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor» (...) ¿Cómo, pues, no habría de alegrarse la pequeñez humana ante esta obra inenarrable de la misericordia divina, cuando incluso los coros sublimes de los ángeles encontraban en ella un gozo tan intenso?
(San León Magno, Sermón 1, en la Natividad del Señor)

06 diciembre 2006

Wendy. Parte 04

Don José… no sé cómo decirle esto. Ya sabe que no soy mu listo, y no quisiera que me tratara por loco, pero es que estos últimos días en la sierra me ha pasado algo muy raro, y no le he podido encontrar explicación.

Cuando subí, me tuve que quedar con las ovejas, porque se ha derrumbado el techo de la cuadra de Don Luis, y no puedo dormir allí como otras veces. Durante el día no tenía mucho que hacer, así que estuve cortando té, buscando algunas setas, patatas silvestres, y preparando con espartos una cueva pequeñica para pasar allí la noche.

La tercera noche, Don José, hice una fogata para cocer las patatas que encontré, cuando vi una luz en la cueva grande, que salía del interior. Parecía como si estuvieran quemando magnesia. Se fue haciendo cada vez más grande, hasta que salió una muchacha. Mire usté, Don José, a mí me temblaban las piernas. Las ovejas, que estaban durmiendo, se despertaron y se hicieron un corro en la cuevecilla donde yo estaba. La chiquilla parecía perdida, y me miraba, Don José, no vea usté el miedo que tenía yo. La voz casi no me salía del cuerpo, y le dije: “niña ¿te has perdido?” No me contestó, y se acercó a mí, y me miró otra vez, y se dio la vuelta, y se metió otra vez en la cueva. Al principio no sabía quién era, pero luego, Don José, luego…

(En este momento se le escapó una lagrimilla)

Don José, yo soy huérfano, ya lo sabe usté. Me criaron en el orfanato hasta que me recogió mi tío pa llevarme con las cabras. Allí, Don José, sólo tenía una amiga, no lo recuerdo, pero creo que también era huérfana, y como nos mantenían separados a los niños y a las niñas, sólo nos veíamos en los recreos a través de una alambrada, y en el comedor. Yo nunca me escapé de allí, porque una vez lo intenté y me gané unos azotes que todavía me duelen, pero ella, de vez en cuando, saltaba la cerca y venía a mi barracón, y hablábamos a través de un ventanuco toda la noche. Me decía que quería volar, que quería ser la madrecita de todos los niños huérfanos, y también me decía que yo era un gallina porque no me atrevía a escaparme de mi barracón. Un día ya no la volví a ver, me quedé otra vez solo, y así, hasta que me recogió mi tío.

Lo que le decía, aquella noche no pegué ojo, Don José, y a la mañana siguiente no me quería ni acercar a la cueva. La niña que había visto era la del orfanato.

Por la noche, las ovejas se pusieron nerviosas, yo no quitaba la vista de la cueva, y empezó a verse luz otra vez. No he pasado más miedo en mi vida. Y la luz cada vez más grande hasta que salió ella. Le pregunté acongojado: “¿eres un fantasma?” y no me respondió. Caminó hacia mí, y de repente comenzó a brillar más, y sin abrir la boca me dijo: “¿ya no te acuerdas de mí?” luego volvió a entrar, y la luz se apagó otra vez.

Don José, ya sé que todo lo que le cuento parece muy raro, pero sabe usté que nada gano yo contándole esto, más que usté piense que me he vuelto loco, pero es que esa chiquilla es la niña del orfanato. No sé como explicárselo, pero aunque no me dice nada, parece como que habláramos, y como si nos conociéramos de toda la vida y como si charláramos por aquel ventanuco… yo no quiero ser cobarde como cuando era chico. Don José, luego cuando me dormí, soñé que era chico otra vez, y que volábamos por la sierra, y que pasábamos por encima de las ovejas, y de la cueva, y que nuestras ropas eran brillantes y lo llenaban todo de luz.

No le he dicho a nadie esto más que a usté, y no me tome por loco. Desde crío he trabajado, nunca le he hecho mal a nadie, y siempre fui honrado y servidor con mis patrones. Ahora le pido a usté que me deje marchar con ella, no se lo puedo explicar Don José. El hijo del Pedro es muy buen cabrero y seguro que puede cuidar mejor que yo sus rebaños. No le cuente a nadie esto. Cómo me gustaría poder explicárselo, Don José, cómo me gustaría explicárselo.

(y derramó otra lágrima)


Y esta es la historia de Germán. Le pregunté a Conchita qué opinaba de todo aquello. Sus ojillos brillaron y me dijo que cuando oyó la historia, creyó que la muchacha era Wendy, que existían las hadas, que soñaba con irse con ella y con Germán a volar por la sierra y entrar en la cueva hacia el país de Nunca Jamás, y que su madre le regañaba porque estaba siempre pensando en aquellas tonterías. Mientras me contaba esto, me quedé mirando la figura de la simpática ancianita, pensé en todo lo que había vivido, en la niña soñadora que fue, y que ahora con más de 80 años, al mirar el prendedor que llevaba en su pelo blanco con forma de mariposa, seguía siendo.

* * *

La manía de buscarle explicación racional a todos los sucesos me llevó a pensar en algún tipo de seta alucinógena, que Germán, sin saberlo, ingirió. Quizás monguis, unos hongos del género de los psilocibos con propiedades tóxico-psicotrópicas. Germán no sabía leer, y en sus años más jóvenes, la dura niñez que atravesó, hace suponer que oyó pocos cuentos. Puede que el de Peter Pan le hiciera retroceder y recuperar el único retazo de la infancia que conservaba. Aquella amiga que no volvió a ver más, regresó con la pluma de J. M. Barrie, por la voz de Remedios, y de la mano de los monguis. Sin saberlo, habían abierto la caja que Germán llevaba en lo más profundo de su ser, y había salido un niño pastor que se lo llevó volando por la cueva hacia la felicidad que nunca tuvo.

Hace un mes, solicité los permisos que hacen falta para entrar en la cueva, y me los han concedido. Cuando tenga algo más de tiempo, organizaré con varios amigos y familiares una visita. No sé si podré ir con la curiosidad que me despertó en un primer momento el portón de hierro que sellaba su entrada, o con el recuerdo de esta historia, y de que allá, en los abismos de la tierra, encontraré el nuevo mundo que buscó Germán.

“Si ahora viésemos a Wendy, advertiríamos como su cabello se tornaba blanco y su figura se empequeñecía otra vez, pues todo eso sucedió hace ya largo tiempo. Juana es ahora una vulgarísima mujer casada y tiene una hija que se llama Margarita. Todas las primaveras, excepto cuando se le olvida, viene Peter Pan a buscar a Margarita para llevársela al País de Nunca Jamás, donde ella le cuenta mil cuentos de los que él mismo es héroe y que él escucha con ansiedad. Cuando Margarita crezca, tendrá una niña que, a su vez, será la madrecita de Peter Pan y así sucederá siempre, siempre, mientras los niños sean alegres, inocentes...y un poquito egoístas” (James Matthew Barrie)

11 noviembre 2006

Wendy. Parte 03

Algún tiempo después, ya en los meses de calor, Germán se fue a la sierra a llevar el ganado. Normalmente, solía venir al cortijo cada cinco días. La familia de D. José lo esperaba, porque una oveja preñada, que se quedó en el corral, tenía dificultades para parir, por lo visto, la cría venía de mala postura. Los veterinarios saben hacer esto muy bien, introducen la mano en el interior del animal, y una vez desenrollado el cordón umbilical, localizan el corvejón –el tobillo– y colocan la cabeza y las extremidades en posición correcta para tirar de ellas con una cuerda limpia y ayudar a salir a la cría. Germán había aprendido bien esta técnica a lo largo de sus 34 años cuidando ovejas y cabras. A los ocho días apareció con el rebaño –que debía haberse quedado en la sierra–. Parece ser que estuvo hablando un buen rato con D. José, y después, se acercó a Conchita a decirle: “He bajao pa regalarte el corderillo blanco que te prometí”.

Ayudó a dar a luz a la oveja primípara, y efectivamente, nació un hermoso corderillo blanco. Conchita saltaba de alegría. Poco después, cogió su cayado, y subió solo, otra vez a la sierra, como si no hubiera pasado nada. Y nadie lo volvió a ver más.


* * *


Toda esta historia me la contó Conchita en el salón de su cortijo, una casa muy humilde en medio de olivares llena de historia y de vida. Hoy tiene 88 años y recorren su rostro centenares de sabias arrugas. Su pelo níveo estaba recogido en un moño con un prendedor con forma de mariposa que le habría regalado alguno de sus 25 nietos. Cuando vi sus labios arrugados, pensé en todas las historias que Conchita les habría contado a sus semejantes, quizás la primera, fue la que le leyó a Germán, aunque su voz, ahora, sonaba más apagada. En sus ancianas manos quedaba una alianza de matrimonio de cuya historia creo que se podrían haber escrito miles y miles de libros. Sus delgadas piernecillas, casi no la dejaban andar como antaño, y sus ojos… sus ojillos eran marrones, pequeños y llenos de vida. Recuerdo que cuando me miraba, veía a aquella Conchita con 14 años, leyendo cuentos, corriendo, y jugando con su corderillo blanco. Esos ojos sólo se cerraban para soñar, y ahora, parecía guardar un secreto tan grande, que no se podía comparar con toda la sabiduría que encierran las ciencias modernas del hombre.

Me dijo que aún conservaba el libro de su hermana Remedios, envuelto en la fina tela de tafetán. No os podéis hacer una idea de la urgente necesidad que tuve de ver y tocar el libro que había sido manantial de una de las historias más bonitas que había conocido. Sentí la necesidad de tenerlo entre mis manos, de contemplar sus tapas de piel y sus letras doradas. De pasar sus vetustas páginas quizás gastadas ya, de oler el grato aroma del papel antiguo mientras cerraba los ojos y me transportaba a aquél sótano de hace 75 años, y ver a D. José, a Remedios, a Conchita… y a Germán. Desgraciadamente, se lo había regalado a una nieta suya de 18 años, tan soñadora como lo fue ella, y que vivía en la capital.

Por supuesto, que en aquella agradable conversación con mi nueva amiga Conchita, le pregunté si sabía de qué habían estado hablando D. José y Germán, y aquí me contó lo más interesante.

Mira, Germán era un hombre bueno, muy bueno. Noble, trabajador y correcto. No era cotilla, no hablaba de los demás, ni de sí mismo porque era muy resrvado, y precisamente por eso, mi padre se extrañó tanto de lo que le dijo, y más aún, de lo que después pasó. Decía que Germán se tenía que haber vuelto loco, porque no le encontró explicación a sus palabras, pero no había ninguna razón para su locura porque era muy sencillo, llevaba muchos años trabajando con nosotros, y vivía feliz con su trabajo.

Mi padre nos lo contó diez años después, y esto fue lo que le dijo:

05 noviembre 2006

Wendy. Parte 02

Corrían los años 30. Germán era el pastor de varios rebaños de ovejas en una cortijada. Vivía junto a la casa de D. José y su familia, en un pequeño cobertizo de piedra enlucida, bien construido, que contaba con dos habitaciones. El dormitorio tenía una cama con un colchón de borra y una gruesa manta parda, suelo de arcilla, un ventanuco, un baúl de peral con cantos de hojalata, una jofaina y un harapo a modo de toalla, una silla de anea y una mesa camilla con sayas de lana cruda, mientras que la cocina estaba compuesta por un hornillo de carbón, una chimenea, una encimera de basalto, dos tachos de latón, y un repostero de álamo con varios utensilios de cocina.

La naturaleza no lo había dotado de una gran inteligencia, ni de un atractivo físico, sin embargo, sus ojos negros pequeños y brillantes destilaban bondad, humildad y sencillez. Debido a una giardiasis que contrajo en su infancia, era alérgico a la lactosa y sufría de un severo déficit de calcio, por lo que además de su baja estatura, tenía una pequeña cojera, la espalda doblada hacia delante, y pocos dientes en su haber. La piel tostada por el sol mostraba la aspereza del que ha trabajado en el campo desde pequeño. Tenía el pelo cano, pelado a cepillo, las cejas negras y pobladas, frente pequeña, nariz grande, orejas coloradas, hombros estrechos, manos callosas, y pies grandes y planos. De carácter era reservado, sonriente, algo simple e inocentón, pero su faz parecía tener siempre un ademán de condescendencia hacia todos los que le rodeaban, se le podría aplicar el dicho de que “de bueno, era tonto”. La gente del pueblo comentaba que si a alguien se le tenía que aparecer la Virgen, sería a Germán, en alusión a las recientes apariciones en Fátima a tres pastorcillos. A sus cincuenta años, permanecía soltero, no se le conocía familia y nunca se le vio haciendo ningún mal a nadie. Germán era para su trabajo, y – como él decía – para sus amos.

Acostumbraba a pastorear por la zona durante los periodos que fijaban los arrendadores, que solían ser de ocho o nueve meses, y fuera de este plazo, en los meses de calor, subía con el ganado a buscar los pastos de la sierra, en una travesía que con las ovejas, solía durar dos jornadas. Una vez allí, pernoctaba en las cuevas, al raso o en la cuadra de algún cortijo cercano. De vez en cuando, dejaba a las ovejas en la sierra, y bajaba al cortijo para cuidar a las que se habían quedado preñadas en el corral, a por comida, o a tratar algún asunto sobre la paja o la avena.

La crisis económica del 29, el fin desastroso de la dictadura de Primo de Rivera, y el golpe de estado de los republicanos en 1931, hicieron que hubiera varias revueltas en la zona. Ante el descontrol político y policial, un grupo de hambrientos, se dedicó al pillaje nocturno en las fincas del exterior. Se corrió el rumor de que una noche, los bandoleros iban a entrar en la cortijada, así que sus habitantes se tuvieron que esconder en los sótanos de la casa de D. José. Era el mes de abril, y afortunadamente, podrían dormir sin braseros. Prepararon unos improvisados colchones con paja y sacos, y así se dispusieron a pasar la noche. Entre todos, eran unas veinte personas, porque el guarda, que también se escondió en el sótano, tenía 7 hijos, como D. José, y además estaban: Germán, dos muleros y el aparcero.

Ya entrada la medianoche, la tensión se palpaba en el ambiente, y algunos niños, conscientes de la situación, comenzaron a llorar. Remedios, encendió el candil y sacó de una capacha, envuelto en tela de tafetán, un hermoso libro con pastas de cuero y unas grandes letras doradas en la portada que le había regalado su último pretendiente, un escritor inglés que acabó aporreado a causa de los celos de Josico, un rival picapedrero de las minas de granito, que iba también a la conquista del corazón de la mocita. Remedios tenía 16 años, era la mayor de las hijas de D. José. Zalamera y trabajadora, ayudaba a su madre en la casa y en el cuidado de sus hermanos pequeños. Sin mediar palabra, comenzó a leer. Pronto, su voz dulce y ligeramente quebrada, cautivó a todos los del sótano, de manera que los niños callaron, los rudos muleros escuchaban embobados, y en una esquina, los ojillos negros de Germán brillaban como estrellas a la llama del candil.

El libro se llamaba: “Las aventuras de Peter Pan y Wendy” y era una adaptación de la obra de teatro de J. M. Barrie hecha por el mismo autor.

La estancia en el sótano se prolongó durante cinco noches más, hasta que los ladrones fueron identificados y detenidos. Dicen que Germán estaba deseando que se pusiera el sol para que Remedios siguiera leyendo aquel libro, pero en cinco días, no dio tiempo ni de llegar a la mitad, así que éste, le pidió a Conchita que le leyera un poco todas las tardes después de encerrar el ganado, porque no sabía leer. Conchita era hermana de Remedios, tenía 14 años, y leía bastante bien para su edad. Germán le prometió a cambio, regalarle el primer corderillo blanco que naciera.

24 octubre 2006

Wendy. Parte 01

Nunca olvidaré aquella excursión. Quizás fue la menos técnica, pero la más castiza. Nos acompañaba mi tío, acostumbrado al pastoreo en su juventud y gran conocedor de la fauna y flora de aquellas sierras. Tantos años trashumando con el ganado en busca de pastos de altura, hicieron que se familiarizara con las cañadas y veredas que serpenteaban por las faldas de la montaña. Aún recuerdo las mochilas que llevábamos mis primos y yo, y como él se fabricó una especie de bandolera con un saco de estraza, una guita y una piedra. Llevó ahí sus viandas para dos días, y su manta, claro, porque él no usaba saco de dormir. Era una cordillera kárstica de unos 25 Km. de longitud, y cuyos picos más altos llegaban a los 2000 m. A partir de una cota, desaparecían las coníferas para mostrar un ruinoso suelo de caliza. Sólo crecían en él, aquellas especies adaptadas a la “media montaña”, como la aulaga, que seca, es un excelente combustible, el piorno, un aplastado arbusto pinchudo de la familia de las leguminosas con forma de iglú, y que vulgarmente se conoce como “cojín de monja”, y el enebro rastrero, un cupresáceo primo del enebro común –el que se usa para aromatizar la ginebra– y con el que se modelan magníficos bonsáis.

Dejaré la narración de la excursión para otra ocasión, pues las aventuras y anécdotas que en ella tuvieron lugar, son dignas de ser contadas en otro momento. Me centraré en una abertura que vimos en una pared sellada con un pesado portón de hierro. Las cuevas y simas son típicas de los terrenos calizos, y no era de extrañar que hubiera cavidades por los alrededores. De hecho, a lo lejos, se veían numerosos agujeros negros en las paredes rocosas. Sin embargo, aquella no era una zona turística, el paisaje era bastante inhóspito y alejado de las vías rodadas. Excepto los pastores, no había mucha gente que visitara aquel collado. ¿Por qué estaba sellada la abertura? ¿Protegía de algún peligro? ¿Qué misterio encerraba?

Algún tiempo después, la curiosidad me llevó a investigar sobre la cueva. A lo largo de la sierra había 15 cavidades pequeñas –usadas a modo de redil para el ganado– y dos más largas y profundas. La de la puerta metálica, tenía un desarrollo de 3000 m, y un desnivel de 180 m. Intentó habilitarse allá por los años 60 para su explotación turística, pero se cerró en los 80’s por su peculiar y único microecosistema, que podría resultar irreversiblemente perjudicado por la presencia descontrolada del ser humano. Aun así, en su interior hay un importante laboratorio subterráneo en el que trabajan actualmente tres universidades. Entre otras cosas, han descubierto dos especies totalmente nuevas para la ciencia. Tras algunas gestiones, pude al final entrar durante 20 minutos en la cavidad misteriosa con varias personas, siempre bajo la estricta y razonada vigilancia de los investigadores. Había lagos cristalinos, gours, simas, flores de aragonito, e incluso una sala donde contrajeron matrimonio dos espeleólogos. Averigüé muchas más cosas, pero también lo contaré en otra ocasión.

En mis investigaciones, hablé con gente del lugar, que lógicamente no conocía estos datos, y es aquí, donde comienza lo que quiero contar, el relato de algo que sucedió en la cueva hace más de 70 años. Todavía quedan cuatro personas vivas que conocieron los hechos, y aunque he buscado documentación, los desastres de la Guerra Civil –que tuvo en aquel escenario un frente cruento– borraron lo que quizás nunca se escribió. Me creo en el deber de dejar constancia por escrito de aquellos hechos, y evitar que el destino común que compartimos todos los hombres, se lleve consigo esta historia que durante decenios ha vivido en las mentes de sus protagonistas.

19 octubre 2006

Ver, sentir y soñar


Viste sus ojos marrones
en una noche brillar
como fuego de un lucero
como una estrella fugaz.

Sentiste un süave dardo
cuando te quiso mirar,
te ha embriagado su veneno
tan sereno como el mar.

Soñaste en coger su mano
sin pensar en que quizás
con las alas del cariño
empezarais a volar.

Viste que sí la querías
que la querías abrazar
que fueses su confidente
que fueseis dos y nada más.

Sentiste muchas caricias,
risas, juegos, pasear
y un encanto que os unía
con un empuje especial.

Soñaste bien con todo esto
porque no es la realidad,
porque sólo fue aquel día,
porque no la has visto más.

Viste tres años eternos
con parsimonia pasar
y después viste una cara,
una risa, un volcán.

Sentiste otra vez lo mismo,
pero con más intensidad:
unos ojos, dos luceros,
brillo de estrella fugaz.

Soñaste con las sirenas
al volver a pasear
por aquel barrio embrujado
que tanto ha vivido ya.

Viste al pie de la Alambra
una luna que quiso hechizar
ese cruce de miradas
que tuvisteis sin cesar.

Sentiste otra vez lo mismo,
pero con más intensidad
cuando luego de esa noche
se marchó sin avisar.

Soñaste esta vez pesadillas,
por no atreverte a recitar
una de aquellas poesías
que inspiraba su amistad.

Y ahora ya, amigo mío
no te pares a pensar
ni a escribirle más poemas
porque no te quiere más.

Ni entristezcas por su ausencia
ni te pongas a llorar
que tus lágrimas se pierden
como gotas en el mar.

Cuando busques entre estrellas
dos luceros chispear
piensa que aquel día lograste
verla, sentirla, y soñar

17 octubre 2006

20 preguntas

El año pasado, trabajando en la construcción de un microbot, estuve investigando algo sobre IA (Inteligencia Artificial) a nivel muy básico, y he de decir, que fuera de la ciencia-ficción, es un tema apasionante, a pesar de que, desde mi punto de vista, el término "inteligencia" esté mal acuñado.

Una aplicación real de la IA, es un juguete que lanzó Radica Games y que sólo con 20 preguntas, era capaz de adivinar el pensamiento con una probabilidad de acierto del 80%. Existe una versión web que implementa el algoritmo, una red neuronal en toda regla, y que según el fabricante, con 25 preguntas es capaz de acertar lo que el usuario está pensando con una probabilidad de acierto del 98%. Se trata de pensar en algo (unas gafas, una mariposa, un riñón, un candelabro, un mosquito...) y responder unas 20 preguntas de la forma: sí, no, a veces, tal vez, depende, etc.

Tecnicismos aparte, lo mejor es jugar, y dejarse sorprender por los resultados, así, que os dejo el link, y que os divirtáis!!

11 octubre 2006

Mientras tanto

Últimamente estoy algo liado, así que mientras escribo algo en condiciones, os dejo este enlace. Sé que hay alguien a quien le gustará. Que disfrutéis ¡Ah!... ¡¡y nos vemos en las estrellas!!


http://framboise78.free.fr/Paris.htm



04 octubre 2006

Impresoras espía

La noticia saltó el año pasado, la EFF (Electronic Frontier Foundation) descifró un código secreto en los folios impresos con impresoras láser a color de la casa Xerox, en concreto, de la gama DocuColor. Este código consistía en una matriz de 15x8 puntos amarillos invisibles a simple vista, que se repiten por toda la página, y que contienen, la hora, la fecha, el número de serie de la impresora y dos informaciones más que no se han conseguido descifrar. Para ver estos puntos, hay que servirse de una lupa o un microscopio e iluminar con luz azul y así aumentar el contraste del amarillo sobre el blanco. La EFF ha creado un grupo de investigación para descifrar este tipo de códigos, y pide a los internautas que les envíen documentos de estas máquinas.

Canon y Epson, han admitido que algunas de sus impresoras láser, introducen un código secreto en los documentos del usuario, mientras que Hewlett Packard y Konica, no han hecho comentarios. Después, se ha sabido que no sólo los modelos láser, sino que también algunos modelos de inyección de tinta incorporan este sistema. Según Canon, la decisión de introducir marcas en los documentos que identifiquen al usuario, se ha tomado de forma conjunta entre todos los principales fabricantes de impresoras, y ha sido auspiciada por el gobierno de los EEUU. Estas huellas están al servicio de los servicios secretos, y según Xerox, al de las agencias que, por necesidad, lo soliciten. El objetivo de esta medida, es luchar contra la falsificación de documentos y billetes.

¿Qué ocurriría con disidentes políticos, organizaciones democráticas clandestinas o grupos religiosos perseguidos que necesitan del anonimato del papel? ¿Debería saber el usuario que sus documentos están marcados? Falta de calidad en la impresora ¿o una huella? Existen cámaras fotográficas y de vídeo digitales, que introducen en la imagen una serie de pixels ligeramente alterados, a partir de los cuales se puede obtener información del usuario, esta técnica se conoce como esteganografía y se usa para esconder textos en imágenes. ¿Hasta dónde deben llegar los límites de la privacidad para preservar el bien común? Adobe ha admitido que en su Photoshop existe una aplicación incrustada en el programa, realizada por el gobierno de los EEUU, que se activa ante determinadas acciones y realiza unas tareas que no ha querido precisar.

El debate está servido.

Algunos links interesantes:

EFF: http://www.eff.org
Cómo descifrar códigos Xerox: http://www.eff.org/Privacy/printers/docucolor/
Imágenes de los puntos: http://www.eff.org/Privacy/printers/docucolor/
Noticia en El País: http://www.elpais.es/articulo/elpportec/20051018elpepunet_2/Tes
Noticia de VS Antivirus: http://www.vsantivirus.com/mm-impresoras.htm
Esteganografía: http://es.wikipedia.org/wiki/Esteganograf%C3%ADa

02 octubre 2006

Viaje al subsuelo. Parte 02

Sería exagerado decir que no volvimos a ser los mismos, pero la cueva, en algo nos cambió. Quizás fue porque nos adentramos en las entrañas de la tierra, como si nos metiéramos en la boca del lobo, y no nos comió, más aún, nos mostró paisajes maravillosos, inimaginables, formaciones únicas, aguas puras y cristalinas, nos ofreció silencio, calma, oscuridad y protección. En su ubicación oculta, nos mostró el secreto que guarda la naturaleza en el subsuelo… fue por eso, por lo que al salir, nos mirábamos de otra forma, ahora nos unían otros lazos, a la camaradería propia de la expedición, se sumaba un pacto secreto con la madre Tierra: Cuidadme como yo os he cuidado.

Y así, cansados, emprendimos el viaje de regreso. El sol se estaba poniendo. Muchos dormían, otros estaban pensativos, quizás, al igual que los otros, también soñaban. Habíamos vivido demasiadas cosas en poco tiempo. Atrás quedaban los arneses, las vagas, mosquetones y cuerdas. Atrás quedaban arañazos, chapuzones, resbalones y algún que otro golpe. Atrás quedaba el silencio y el goteo armonioso de las estalagmitas. La cueva se quedaría allí, en el fondo del valle, impasible e inmóvil junto al lago, como había hecho por los siglos de los siglos. La roca inerte, ahora había cobrado vida en nuestros corazones.

Cuando llegamos, ya anocheciendo, la luna salió a visitarnos, y alguno, cuando la vio, le dijo en secreto y con sonrisilla cómplice: “Tranquila, te guardaremos el secreto”