22 agosto 2006

Le Chasseur d'Etoiles. Parte 09

Lo que había pasado no podía ser un sueño. Estaba claro que había vuelto a la llanura. El dolor de cabeza le seguía atormentando. El aire ya no era fresco, más bien cálido y húmedo, con un ligero aroma a madera podrida. A su izquierda seguía su telescopio. Miraba al eterno firmamento, impasible a todo lo que él había sufrido. Su objetivo, impasible también, seguiría donde lo dejó, apuntando a Andrómeda. Él desde el suelo, miraba a su reflector, en su trípode, señalando como Colón hacia el Nuevo Mundo de las estrellas. Se fijó en su reloj y vio que estaba parado a las 4:00 a.m. U.T. lo que aumentó su inquietud, aquello no había sido un sueño, era la hora a la que sucedió todo, la hora a la que estaba viendo Andrómeda, lo recordaba, la hora del terror. Su reloj se había congelado en aquel momento.

Las luces del pueblo se habían apagado, no había más claridad en el cielo que la de un tenue resplandor tras unas montañas del horizonte que no recordaba, o quizás sí. Le seguía doliendo la cabeza y no quería pensar.

Sentado en el suelo pasó sus manos sobre la cabeza. Maldita afición por las estrellas la que había desembocado en aquella pseudo-pesadilla. El resto de los mortales estaría durmiendo, soñando quizás en sus anhelos, indiferentes a los misterios del cosmos. Nunca tuvo esa seguridad y se sentía incapaz de tenerla. Envidiaba a los que formaban un hogar, a los que no sabían tanto como él, y sin embargo tenían esa tranquilidad que da la ignorancia, a los que se despiertan con un abrazo, a los que tienen el asideros de los consuelos humanos. ¿Por qué no se buscaba una novia como sus amigos? Quizás necesitaba afecto en vez de respuestas ¿Por qué un muchacho joven estaba a esas horas en una llanura? Un vacío se apoderó de su alma, experimentó la angustia de la que hablaba Schopenhauer. La estrellas no eran más que el noúmeno, la representación del deseo de vivir, nada más. Por primera vez las vio como el narcótico que hipnotizaba su realidad solitaria, el tiovivo que lo alejaba de su mundo y que no llevaba a ningún sitio más que al lugar de partida.

“… Aunque tenga el don de profecía y conozca todos los misterios y toda la ciencia, y aunque tenga tanta fe que traslade las montañas, si no tengo amor, no soy nada” (S. Pablo, S. I dC)


Su fe se tambaleó, y arropado por la roca de la llanura se encogió, y volvió a mirar las estrellas, y brotaron dos lágrimas como dos estrellas fugaces.

Las estrellas lo seguían mirando, como lo habían estado mirando toda la noche, como miraban a otros cazadores y como llevaban mirando a la humanidad desde siempre.

Capella, estrella de primera magnitud, la cuarta más brillante del Hemisferio Norte, se reflejó en sus ojos húmedos. Estaba en la constelación del Auriga, un gran pentágono en el cielo cuyo origen no está muy claro. La mitología griega apuntaba al carro de oro de Poseidón, sin embargo en los mapas celestes más antiguos aparece una extraña figura de un hombre sentado con una cabra en sus brazos. Quizás se deba a que Capella en latín signifique cabra, y tenga que ver con el mito de que Zeus fue amamantado por una cabra. No lo quería saber ni le importaba.

Siguió mirando al horizonte: El Auriga, y después Perseo, el valiente guerrero que cortó la cabeza de Medusa y rescató a Andrómeda, sí estaba allí, a su lado, con sus padres Cefeo y Casiopea… Capella, el Auriga, Perseo y… ¡Andrómeda! ¡Andrómeda estaba en el horizonte! ¿Andrómeda en el horizonte? Su cara se volvió aún más pálida.

¿Hacia dónde apuntaba entonces el telescopio?

2 comentarios:

Xydehia dijo...

Definitivamente... esto es lo tuyo, sin duda.
Una sugerencia, algún día tendrás que darme alguna clase sobre las estrellas y cómo reconocerlas, me encantaría saber hacerlo (conozco mitos y nombres, pero reconocerlas se me da fatal :S)
Y otra cosa que quiero contarte...es que pienso recopilar cada uno de los capítulos y presentarme con ello bajo el brazo en alguna editorial.
eres genial niño.

Besitos y en cuanto puedas cuéntanos hacia donde apuntaba ese telescopio.

Cary dijo...

Vaya!!
No sé si seré yo, o si en realidad desde el comienzo de este capítulo se nota un tono distinto =P
Ya me estaba desanimando junto con nuestro cazador, hasta que mencionas a Andrómeda en el horizonte...
Excelente como siempre!! ^^

Qué te cuento! Cuando me fui de la ciudad me acordé mucho de ti y del cazador al mirar la infinidad de estrellas en un cielo que parecía curvo. Me habría encantado tener un telescopio y conocer acerca de la geografía espacial XD

En fin, por ahora te dejo porque tengo el cansancio encima jaja

Saludos!!