05 noviembre 2006

Wendy. Parte 02

Corrían los años 30. Germán era el pastor de varios rebaños de ovejas en una cortijada. Vivía junto a la casa de D. José y su familia, en un pequeño cobertizo de piedra enlucida, bien construido, que contaba con dos habitaciones. El dormitorio tenía una cama con un colchón de borra y una gruesa manta parda, suelo de arcilla, un ventanuco, un baúl de peral con cantos de hojalata, una jofaina y un harapo a modo de toalla, una silla de anea y una mesa camilla con sayas de lana cruda, mientras que la cocina estaba compuesta por un hornillo de carbón, una chimenea, una encimera de basalto, dos tachos de latón, y un repostero de álamo con varios utensilios de cocina.

La naturaleza no lo había dotado de una gran inteligencia, ni de un atractivo físico, sin embargo, sus ojos negros pequeños y brillantes destilaban bondad, humildad y sencillez. Debido a una giardiasis que contrajo en su infancia, era alérgico a la lactosa y sufría de un severo déficit de calcio, por lo que además de su baja estatura, tenía una pequeña cojera, la espalda doblada hacia delante, y pocos dientes en su haber. La piel tostada por el sol mostraba la aspereza del que ha trabajado en el campo desde pequeño. Tenía el pelo cano, pelado a cepillo, las cejas negras y pobladas, frente pequeña, nariz grande, orejas coloradas, hombros estrechos, manos callosas, y pies grandes y planos. De carácter era reservado, sonriente, algo simple e inocentón, pero su faz parecía tener siempre un ademán de condescendencia hacia todos los que le rodeaban, se le podría aplicar el dicho de que “de bueno, era tonto”. La gente del pueblo comentaba que si a alguien se le tenía que aparecer la Virgen, sería a Germán, en alusión a las recientes apariciones en Fátima a tres pastorcillos. A sus cincuenta años, permanecía soltero, no se le conocía familia y nunca se le vio haciendo ningún mal a nadie. Germán era para su trabajo, y – como él decía – para sus amos.

Acostumbraba a pastorear por la zona durante los periodos que fijaban los arrendadores, que solían ser de ocho o nueve meses, y fuera de este plazo, en los meses de calor, subía con el ganado a buscar los pastos de la sierra, en una travesía que con las ovejas, solía durar dos jornadas. Una vez allí, pernoctaba en las cuevas, al raso o en la cuadra de algún cortijo cercano. De vez en cuando, dejaba a las ovejas en la sierra, y bajaba al cortijo para cuidar a las que se habían quedado preñadas en el corral, a por comida, o a tratar algún asunto sobre la paja o la avena.

La crisis económica del 29, el fin desastroso de la dictadura de Primo de Rivera, y el golpe de estado de los republicanos en 1931, hicieron que hubiera varias revueltas en la zona. Ante el descontrol político y policial, un grupo de hambrientos, se dedicó al pillaje nocturno en las fincas del exterior. Se corrió el rumor de que una noche, los bandoleros iban a entrar en la cortijada, así que sus habitantes se tuvieron que esconder en los sótanos de la casa de D. José. Era el mes de abril, y afortunadamente, podrían dormir sin braseros. Prepararon unos improvisados colchones con paja y sacos, y así se dispusieron a pasar la noche. Entre todos, eran unas veinte personas, porque el guarda, que también se escondió en el sótano, tenía 7 hijos, como D. José, y además estaban: Germán, dos muleros y el aparcero.

Ya entrada la medianoche, la tensión se palpaba en el ambiente, y algunos niños, conscientes de la situación, comenzaron a llorar. Remedios, encendió el candil y sacó de una capacha, envuelto en tela de tafetán, un hermoso libro con pastas de cuero y unas grandes letras doradas en la portada que le había regalado su último pretendiente, un escritor inglés que acabó aporreado a causa de los celos de Josico, un rival picapedrero de las minas de granito, que iba también a la conquista del corazón de la mocita. Remedios tenía 16 años, era la mayor de las hijas de D. José. Zalamera y trabajadora, ayudaba a su madre en la casa y en el cuidado de sus hermanos pequeños. Sin mediar palabra, comenzó a leer. Pronto, su voz dulce y ligeramente quebrada, cautivó a todos los del sótano, de manera que los niños callaron, los rudos muleros escuchaban embobados, y en una esquina, los ojillos negros de Germán brillaban como estrellas a la llama del candil.

El libro se llamaba: “Las aventuras de Peter Pan y Wendy” y era una adaptación de la obra de teatro de J. M. Barrie hecha por el mismo autor.

La estancia en el sótano se prolongó durante cinco noches más, hasta que los ladrones fueron identificados y detenidos. Dicen que Germán estaba deseando que se pusiera el sol para que Remedios siguiera leyendo aquel libro, pero en cinco días, no dio tiempo ni de llegar a la mitad, así que éste, le pidió a Conchita que le leyera un poco todas las tardes después de encerrar el ganado, porque no sabía leer. Conchita era hermana de Remedios, tenía 14 años, y leía bastante bien para su edad. Germán le prometió a cambio, regalarle el primer corderillo blanco que naciera.

4 comentarios:

Cary dijo...

^^ Qué lindo
Ya extrañaba leerte!
Sabes, es curioso el placer que se siente estar ahí, observando la historia desde cerca, viendo como espectador indiscreto todo lo que sucede con cada uno de los personajes.
Me encanta la manera en que cuentas las cosas =P
Suerte, gracias, y hasta pronto =)
Un abrazo

Freyja dijo...

me gusta como escribes y como cuentas
siempre logras que uno quede con una historia dando vueltas
te felicito amigo una vez mas logras encantar
gracias por tus saludos en Sucesos, ahi los sentimientos logran hablar
besitos y un lindo fin de semana
gracias


besos y sueños

Freyja dijo...

Desde Lagrimas gracias
cuando nacio era en otro tiempo y espacio
me copiaron 3 blogs todo, dolio pero hoy estoy feliz aqui
ahora luego lanzare mi WEB de Freyja y el Blog de Freyja

la verdad quiero llenar la net de letras
gracias amigo, besitos y un lindo fin de semana
gracias por tu compañia
que estes muy bien
besitos



besos y sueños

Xy dijo...

Tienes una facilidad pasmosa para describir la realidad y hacer que un hecho normal pueda resultar interesante y conmovedor :)

Voy a por la siguiente, que ya está colgada (oye, me encanta, así no me quedo con las ganas! aunque cuando la lea desearé la cuarta, pero bueno...)

Besitos