29 octubre 2009

Un té a las cuatro y diez (parte 1)

El día en que lo conocí, no noté nada extraño salvo su asombrosa habilidad para caerle bien a todo el mundo. Ahora, diez años después, sigue anonadándome su templanza y su saber estar. Y más aún, sigo sin comprender cómo una vida tan desdichada forjó en él un carácter tan especial.

Creo que soy de los pocos que se han dado cuenta. Aun estando embarcado en innumerables empresas y proyectos... siempre está solo. He tenido que compartir con él muchas horas, muchos tes, y sobre todo, muchos paseos, para romper mi paradigma de la soledad.

Volvíamos de un viaje a Islandia. Tras una semana de turismo "exótico", regresábamos en el “Föstudagur”, un veloz crucero cuyo nombre en el idioma local significa “viernes”, debido a que es en éste día de la semana cuando la nao parte del puerto de Eyrarbakky rumbo a las Islas Feroe. A lo lejos, se podía divisar aún -en el horizonte-, la cima nevada del Hekla, un estratovolcán de la misma naturaleza que el Teide, y que junto al Etna y al Vesubio, forma los volcanes más activo de Europa.

(continuará...)

2 comentarios:

Cary dijo...

Una sorpresa pasar por aquí y leer el inicio de una nueva historia... No la abandones, se lee muy interesante :)

Sueños Blancos dijo...

A veces vemos sólo la superficie de las personas sin darnos cuenta que el carácter se forma por decenas de acontecimientos que nos van tallando y formando. Hace muuuucho tiempo que no pasaba por aquí y es un agrado encontrarme con el comienzo de una nueva historia.

Saludos